Somos casi 6000
habitantes, residentes en una pequeña ciudad , donde es
habitual el saludo entre los vecinos y habitantes..
Todos los apellidos nos
resultan conocidos, y las genealogías familiares pueden ser
rastreadas con cierta facilidad. Todos conocen a todos.
¿Ventaja?,
¿Perjuicio?. Ambos, en su justa medida. La comunidad contiene y
controla. Llama mucho la atención de los visitantes, el
espectáculo que
ofrecen las bicicletas de los alumnos en las veredas de las
escuelas, sin atar, sin riesgos (rara vez falta alguna),
abandonadas en el apuro por llegar a horario.
Otro aspecto
significativo es la libertad con que los chicos se desplazan,
solos “ para hacer un mandadito”, o en grupos, paseando y
reuniéndose (los adolescentes y los ya mayores), en las
esquinas mejores para hacerse ver, o en la plaza, con una rueda
de mate, si hay
buen tiempo.
El otoño es precioso en Huanguelén .
Centenares de hojas que
viran desde el verde más claro al ocre y marrón, pasando
por tonos púrpura, bordó y otros matices, tapizan las veredas.
Los vecinos prolijos las
juntan y las
queman, los ecologistas, disfrutan del paisaje, y dejan que la
naturaleza las recicle por sí misma.
Entre los vehículos, se
ven gran cantidad de bicicletas, y más camionetas que autos, es
natural, por ser zona rural, muchos productores han abandonado
los hogares del
campo, y se han trasladado a vivir a la zona urbana, para
acceder a más comodidades.
Casi todas las familias
provienen de inmigrantes que llegaron en el siglo pasado, o a
principios del Siglo XX. Algunos llegaron ya casados, con
algunos hijos, y los menores nacieron aquí. Son nuestros
abuelos: españoles, italianos, alemanes, sirios, polacos,
algunos franceses, unos pocos ingleses... Hay muy pocos
apellidos criollos y ninguno indígena. Una asociación, la
Sociedad Cosmopolita, reunía a los representantes de las
diferentes colectividades, allá por los años en que el pueblo
echaba sus bases, a partir de una hipotética fundación en
1912.
En pocas palabras: somos
un grupo humano con las características de tantos otros de la zona, pero una
identidad muy fuerte nos marca y nos diferencia: hace más de 50
años que
Huanguelén desea ser Municipio. Y este deseo , que no se
ha cumplido, aún ante el paso de sucesivos gobiernos,
democráticos y de facto, sigue alentando nuestra idealizada
Autonomía.
Poderosamente llama la
atención, tanto capricho adverso, tanta postergación, tanto fanatismo en negarse a
escuchar las razones que creemos “de justicia”.
Es una experiencia
frecuente , que cuando estos fundamentalistas del no autonomismo
se informan sobre nuestros problemas, dejan de oponerse, pues es
tan fuerte la fundamentación,
tan sólida la argumentación, que sólo atinan a
expresar que ignoraban el estado de las cosas sobre las que
reclamamos, que es
justo que lo hagamos, que necesitamos soluciones.
Sin un Intendente
propio, comprometido con los intereses de la comunidad,
Huanguelén jamás logrará
un nivel de desarrollo equivalente al de otras
poblaciones...
Quien escucha sin
prejuicios, nos comprende y nos apoya.
Entretanto, la espera se
prolonga, la crisis económica se agrava, la impaciencia de la
gente aumenta. Nuestro
destino no lo hilan las Parcas, se teje en la Legislatura ...
lamentablemente; pero no nos daremos por vencidos, cada
generación toma la posta cuando la anterior se agota ante el
cúmulo de dificultades.
Qué tenemos y
qué nos falta. Qué queremos.
Tenemos gente
laboriosa, democrática, sencilla, cultivada, sensibilizada ante
los problemas de la comunidad y comprometida con ésta.
No somos puros, ni
exageradamente éticos, somos típicos argentinos del interior,
creemos, todavía, en un futuro mejor para nuestros hijos, la
ciudad, el mundo.
No pensamos todos igual;
existen las naturales diferencias ideológicas que generan el
equilibrio de fuerzas de pensamiento necesario
en una sociedad armónica.
Nos asusta un poco el
futuro, pero más nos preocupa el desarraigo de nuestros
jóvenes, obligados a buscar trabajo y estudio en otros
lugares, por la falta de oportunidades.
Nos falta producción,
medios para generar evolución económica, puestos de trabajo no
transitorios, obras públicas que
mejoren el aspecto estético de la ciudad, obras de
infraestructura que concedan calidad de vida a nuestros habitantes.
Queremos poder decidir
sobre nuestro propio destino. Si perdemos oportunidades, por
desidia, que sea por culpa de autoridades nuestras, no las de
otro lugar; si logramos el desarrollo que pretendemos, que sea
por mérito de estas mismas.
En síntesis, queremos
lo que todo pueblo maduro ansía:
poder elegir, optar, sin que otros decidan por nosotros.