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La Leyenda de Huanguelén

  ¿Qué es  y  dónde está?

Quienes somos  y como vivimos

Informe

Cinco cuestiones centrales

La Lucha por la Autonomía

Un poco de Humor 

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Quienes somos y cómo vivimos

Somos casi 6000 habitantes, residentes en una pequeña ciudad , donde es habitual el saludo entre los vecinos y habitantes..

Todos los apellidos nos resultan conocidos, y las genealogías familiares pueden ser rastreadas con cierta facilidad. Todos conocen a todos.

¿Ventaja?, ¿Perjuicio?. Ambos, en su justa medida. La comunidad contiene y controla. Llama mucho la atención de los  visitantes, el espectáculo  que ofrecen las bicicletas de los alumnos en las veredas de las escuelas, sin atar, sin riesgos (rara vez falta alguna), abandonadas en el apuro por llegar a horario.

Otro aspecto significativo es la libertad con que los chicos se desplazan, solos “ para hacer un mandadito”, o en grupos, paseando y reuniéndose (los adolescentes y los ya mayores), en las esquinas mejores para hacerse ver, o en la plaza, con una rueda de mate, si  hay buen tiempo.

El otoño es precioso  en Huanguelén . Centenares de hojas  que viran desde el verde más claro al  ocre y marrón, pasando por tonos púrpura, bordó y otros matices, tapizan las veredas.

Los vecinos prolijos las juntan  y las queman, los ecologistas, disfrutan del paisaje, y dejan que la naturaleza las recicle por sí misma.

Entre los vehículos, se ven gran cantidad de bicicletas, y más camionetas que autos, es natural, por ser zona rural, muchos productores han abandonado los  hogares del campo, y se han trasladado a vivir a la zona urbana, para acceder a más comodidades.

Casi todas las familias provienen de inmigrantes que llegaron en el siglo pasado, o a principios del Siglo XX. Algunos llegaron ya casados, con algunos hijos, y los menores nacieron  aquí. Son nuestros abuelos: españoles, italianos, alemanes, sirios, polacos, algunos franceses, unos pocos ingleses... Hay muy pocos apellidos criollos y ninguno indígena. Una asociación, la Sociedad Cosmopolita, reunía a los representantes de las diferentes colectividades, allá por los años en que el pueblo echaba sus bases, a partir de una hipotética fundación en 1912.

En pocas palabras: somos un grupo humano con las características de tantos otros  de la zona, pero una identidad muy fuerte nos marca y nos diferencia: hace más de 50 años  que Huanguelén desea ser Municipio. Y  este deseo , que no se ha cumplido, aún ante el paso de sucesivos gobiernos, democráticos y de facto, sigue alentando nuestra idealizada Autonomía.

Poderosamente llama la atención, tanto capricho adverso, tanta postergación, tanto  fanatismo en negarse a escuchar las razones que creemos “de justicia”.

Es una experiencia frecuente , que cuando estos fundamentalistas del no autonomismo se informan sobre nuestros problemas, dejan de oponerse, pues es tan fuerte la fundamentación,  tan sólida la argumentación, que sólo atinan a expresar que ignoraban el estado de las cosas sobre las que reclamamos,  que es justo que lo hagamos, que necesitamos soluciones.

Sin un Intendente propio, comprometido con los intereses de la comunidad, Huanguelén jamás logrará  un nivel de desarrollo equivalente al de otras poblaciones...

Quien escucha sin prejuicios, nos comprende y nos apoya.

Entretanto, la espera se prolonga, la crisis económica se agrava, la impaciencia de la gente aumenta.  Nuestro destino no lo hilan las Parcas, se teje en la Legislatura ... lamentablemente; pero no nos daremos por vencidos, cada generación toma la posta cuando la anterior se agota ante el cúmulo de dificultades. 

 Qué tenemos y qué nos falta. Qué queremos.

 Tenemos gente laboriosa, democrática, sencilla, cultivada, sensibilizada ante los problemas de la comunidad y comprometida con ésta.

No somos puros, ni exageradamente éticos, somos típicos argentinos del interior, creemos, todavía, en un futuro mejor para nuestros hijos, la ciudad, el mundo.

No pensamos todos igual; existen las naturales diferencias ideológicas que generan el equilibrio de fuerzas de pensamiento necesario en una sociedad armónica.

Nos asusta un poco el futuro, pero más nos preocupa el desarraigo de nuestros jóvenes, obligados a buscar trabajo y  estudio en otros lugares, por la falta de oportunidades.

Nos falta producción, medios para generar evolución económica, puestos de trabajo no transitorios, obras públicas que  mejoren el aspecto estético de la ciudad, obras de infraestructura que concedan calidad de vida  a nuestros habitantes.

Queremos poder decidir sobre nuestro propio destino. Si perdemos oportunidades, por desidia, que sea por culpa de autoridades nuestras, no las de otro lugar; si logramos el desarrollo que pretendemos, que sea por mérito de estas mismas.

En síntesis, queremos lo que todo pueblo maduro  ansía: poder elegir, optar, sin que otros decidan por nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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